Podemos pensar que tuitear mucho puede hacer que ganemos popularidad. Pero según un estudio realizado por investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid esta técnica tendría un coste demasiado elevado y escasos resultados.
Los resultados, que publica la
revista «Social Networks», confirman que la propia estructura de Twitter
es la clave que dirige la influencia. Se trata de una red heterogénea,
es decir, donde existe una gran mayoría de usuarios con un número muy
pequeño de seguidores (61 de media, según O'Reilly Media), y unos pocos
–muy pocos– con un número enorme de seguidores (hasta 40 y 50 millones).
Con este tipo de distribución se prima la posición en la red o «topocracia» frente a la meritocracia. La responsable del equipo de investigación, Rosa M. Benito, ha declarado a la agencia Sinc que
tener un mayor número de seguidores «es mucho más importante que el
‘esfuerzo’ o actividad que desarrolle el usuario enviando muchos
mensajes».
Sin embargo la investigadora aclara que si «la red
subyacente fuera homogénea –algo que no ocurre–, los usuarios tendrían
aproximadamente el mismo número de conexiones y su posición en la red no sería importante; su influencia dependería directamente de su actividad».
Según el estudio, en las redes heterogéneas como Twitter no importa la forma con que los usuarios envíen mensajes,
porque siempre va a surgir una minoría altamente influyente. Los tuits
que mandan las personas o instituciones más populares se propagan mucho
más y tienen más repercusión, aunque envíen muy pocos, algo bastante habitual.
La investigadora no anima mucho a la mayoría de los tuiteros que quieren ser más influyentes por que «los usuarios corrientes pueden ganar la misma cantidad de retuits que los muy populares por medio de incrementar su actividad de forma abrupta. Así es posible aumentar su influencia por medio de la actividad, pero de una forma costosa e ineficiente».
Fuente: ABC, 30 de Octubre de 2014.

No hay comentarios:
Publicar un comentario